Dar un paso atrás - Teoría de la Yenka

Hace unos días fui a tomar una caña con un antiguo alumno mío. Él es feliz contándome su vida profesional, ya llevamos así unos pocos años y yo soy feliz escuchándole e intentando teorizar las prácticas que él vive.

La cuestión que me planteaba ese día, es que el dueño de su empresa y actual Director General, iba a dar “un paso atrás” y que había buscado un nuevo Director General para llevar la empresa. Él se retiraba de la vorágine diaria, y, de alguna forma, se apartaba de la primera línea.

Así dicho parece que esta situación encaja perfectamente en la teoría empresarial del relevo generacional, o de la reorganización empresarial; pero yo pretendía profundizar un poco más en las razones o motivos que él entendía habían llevado al dueño a plantear esta nueva situación.

Quizás antes de proseguir sea necesario presentar la empresa. Ante todo, perdonad que no sea más explícito, pero pretendo que se adapte perfectamente a este contexto, pero que sea imposible reconocerla. Bajo esta premisa, prosigamos. Es una empresa industrial que fabrica una serie de productos, muy reclamados para una de las enseñas de la alimentación, más relevantes de este país. Creo que para el objetivo perseguido esta descripción es suficiente. Vayamos a la profundización. El dueño, actual Director General, es un hombre próximo a los sesenta años, con una posición económica muy desahogada, al que no se le conocen hobbies fuera de la actividad empresarial y bastante celoso de su vida privada; no le gusta la vida social, más bien huye de ella. Es un empresario hecho a si mismo, partiendo de un origen humilde. El nuevo Director General, también hombre, anda sobre los cincuenta y pocos años, titulado en Ciencias Económicas y que acaba de dejar un puesto de gerente en otra empresa. Seguimos profundizando. El dueño tiene una única hija, que trabajaba desde hace ya varios años en la empresa, diplomada en turismo y que nunca ha alcanzado responsabilidades significativas; pero él pretende que continúe aprendiendo al lado del nuevo Director General. Para ello ha dispuesto que ocupen dos despachos próximos, para que sea fácil la comunicación. Uno de los despachos es el que ocupa en la actualidad.

Después de estas aclaraciones, pensé que especialmente me había gustado que dejara su despacho al nuevo Director General, pues así no habría tantas interferencias, y profundicé un poco más.

Mi gozo era infundado, el dueño iba a hacer un nuevo despacho, por supuesto más grande, a unos treinta metros del actual.

La siguiente pregunta que le planteé era, ¿cuánto tiempo dedicaría a la empresa? La respuesta, ya no me sorprendió, él en principio pensaba venir todos los días, aunque su manifestación era que entraría más tarde y saldría antes.

Ante estos planteamientos parecía evidente preguntar ¿qué era lo que realmente buscaba su jefe con esta nueva organización?

Durante un momento su cara mostró perplejidad, pero después denotó una sonrisa de complicidad. No había caído en ello. Se repuso y comenzó a pensar.

La verdad, dijo, es que no me lo ha dicho, pero conociéndole yo creo que busca, fundamentalmente, evitar los encuentros con la empresa-cliente, los auditores de la misma y la gestión con el personal. Son las tareas que no le gustan, especialmente porque le impiden mostrarse tal y como es, una persona directa, con un tono agresivo, que por cierto oculta una gran persona con mucha transparencia, como dice el: “al pan, pan y al vino, vino”. Es decir que no le gusta la actuación o en términos más amenos, la diplomacia.

Como se puede ver las cosas iban encajando. Las funciones del nuevo Director General comenzaban a clasificarse. "Pero y las otras?" Le pregunté directamente. "Las decisiones de mercado de operaciones, de otros clientes, económicas, etc. quién las iba a dirigir?"

La respuesta fue clara: diga lo que diga, nunca las cederá al menos del todo.

Entonces le contesté: lo que se ha hecho es una Dirección General Dual, con una preponderancia del dueño y difícil de conllevar, especialmente si el nuevo quiere, de verdad, ser el Director General.

No había otra solución? Posiblemente no, el establecer otro puesto que no fuera Director General no tendría el rango de representatividad requerido por el cliente fundamental, por las condiciones económicas y del cliente, por los sindicatos, etc.

Pero se podría hacer mejor? Creo que sí. Si quieres un Director General, dale las competencias del puesto. Que bueno habría sido que el dueño no tuviera un despacho en la empresa, que fijara reuniones periódicas con el Director General, mejor una al mes para que éste le detallara la marcha de la empresa y quizás le pidiera consejos, y decidieran juntos la estrategia.  Pero no fue así.

Al dueño le encanta “bailar la yenka”. Para los jóvenes les aclaro que este baile conllevaba y decía: “izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante y atrás, un, dos, tres”. Como en él “el paso atrás” no es un retroceso, sino un escalón dentro del baile que nos permite ir en todas las direcciones según nos guste.

Este baile no se da sólo en Directores Generales, está mucho más extendido en las empresas, al nivel de otros Directores o incluso de jefes o jefecillos. Al final todo queda dentro del término “DELEGAR” tantas veces expresado, pero muy pocas puesto en práctica. Al final se acaba delegando lo que no nos gusta, y al resto nos seguimos amarrando, por temor, por cultura, o por inseguridad en uno mismo. Si tú no crees en ti, nunca podrás creer en los otros.

CONFÍA Y DELEGA. DEJA DE BAILAR LA YENKA.

 
Carlos López Navaza
Professor na
Galicia Business School
Sócio-Diretor na LN Consultores
 
 
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